Uno de los cinco muertos en las protestas. Foto: Servindi
Han sido unas semanas terribles para el Perú. Han habido dos fuertes protestas, el paro agrario y la protesta del Cuzco. No pienso comentar sobre las protestas porque ya se ha dicho mucho sobre ellas. Sólo me basta decir que aunque no comparto "métodos" que podrían ser considerados violentos (como la toma de carreteras), reconosco que las protestas tienen un trasfondo muy real, y son el resultado de la frustración y desesperanza de un gran número de personas en nuestro país.
Y ese es el punto que quisiera tocar. ¿Cual es la causa de esta frustración? Si el Perú avanza, como constantemente trata de hacernos creer el gobierno, ¿porque tanto descontento? Y la razón es muy sencilla: no chorrea. El crecimiento no llega para todos sino para los mismos de siempre. No llega para los campesinos, sin duda. Y no llega para la mayoría de cuzqueños (existen fuertes monopolios en el manejo del turismo en Cuzco, como lo denunció el presidente regional en la entrevista que le hizo Rosa María Palacios). Pero lo peor de esto es que el gobierno ha generado situaciones que no solamente no benefician a estos excluídos, sino que los excluyen más. Con la firma del TLC los campesinos se verán enfrentados a toda la ola de productos agricolas subsideados de EEUU, a los cuales sólo podrán superar si es que ellos son compezados a su vez (para mantener la situación en el mismo nivel). Esta compesación no se ha dado, y tal como van las cosas, parece que no se dará nunca. La ley de inversión turística en el Cuzco, promueva la inversión en hoteles de 4 y 5 estrellas y restaurantes de no se cuantos tenedores: en otras palabras, los mismos de siempre, los que tienen el hotel monasterio y el tren a Machu Pichu. Y no la pequeña inversión. Es decir, más excluídos.
Desde mi punto de vista, es el rechazo a un sistema que los excluye cada vez más y más, lo ha generado que las protestas sean cada vez más violentas. El gobierno, antes de reconocer esto ha hechado más leña al fuego, e ha insultado a los promotores del paro y "castigado" al Cuzco retirandolo de la ASPEC. El gobierno ha tomado la peor ruta posible, y es la ruta de criminalización y represión ante aquel que más desesperadamente pide ayuda y comprensión. Desde hace mucho tiempo el gobierno ha escogido esta ruta. Y nada hace pensar que piensen cambiarla.
Pongamonos a pensar un momento que nos depara el futuro. Un gobierno cada vez más represor enfrentándose a una muchedumbre cada vez más violenta. La frustración de miles (y quizas millones) de peruanos atizadas por los insultos de un hombre que cree ser el único sol de la galaxia. Es un futuro negro, con ocasionales y cada vez más frecuentes tonos de rojo.
Es urgente un cambio de rumbo en el gobierno. Lamentablemente nada parece indicar que ello vaya a suceder. El cambio de rumbo se veía necesario y urgente desde hace tiempo, pero ahora no puede ser menos que una exigencia. 5 muertos en un paro, con todos los indicios apuntando a la policía (mejor dicho, a los que ordenan a la policía, los policias son otros más que la sufren hace tiempo) es inaceptable. Y todo hace ver que este gobierno se encamina cada vez más hacia el autoritarismo.
¿Qué hacer entonces? Si el rumbo que lleva el gobierno es inaceptable en tanto este exacerva los ánimos y genera más violencia, ¿que debemos hacer para calmar las aguar? Pues quedan dos opciones, o forzar al gobierno a que cambie de rumbo o destituirlo. Esta última opción es peligrosa. A esta se llegaría si el gobierno continua ninguneando a la población y respondiendo con violencia desmedida. La respuesta sería mayor agitación social hasta que el gobierno pierda toda legitimidad y sea revocado. Muertes y heridos circulan por este camino como lo recordó Carlín hace algunos días. Pero tal como van las cosas es el más probable.
Por el otro lado existe la opción de forzar al gobierno a cambiar de rumbo. Para eso se necesitan dos cosas: una demostración de fuerza de parte de la población para mostrarle el rechazo a la política actual, y por el otro, un razonamiento prudente por parte del gobierno, o en otras palabras, capacidad de diálogo. Ambas cosas son improbables, y la segunda parece imposible. Pero lamentablemente no nos queda otra opción. No a menos que no queramos que la violencia inunde nuestro país. Creo que debemos empezar a mostrar, con la razón de nuestro lado, el peligro que implica el camino que ha impuesto el gobierno, y que la única forma de detenerlo es que la población le diga alto. No necesitamos más violencia, pero si necesitamos que la gente tome partido, haga uso de su voz y haga respetar sus derechos. Necesitamos participación. Es lo último que nos queda.
Mi nombre es Jorge Meneses (jorgejhms) y soy estudiante de sociología de la PUCP. Me considero a mi mismo políticamente de izquierda, aunque aún sigo preguntándome que significa eso exactamente. 

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